"El desafío de financiar el acuerdo limpio industrial"
El mundo está entrando en una nueva era de competencia global, donde la fabricación de tecnologías limpias se ha convertido en un eje central. La reindustrialización ha revitalizado el debate sobre la política industrial, con iniciativas como el programa chino Made in China 2025 y la Ley de Reducción de la Inflación (Inflation Reduction Act, IRA) en Estados Unidos, que destinan miles de millones de fondos públicos para asegurarse una porción de un mercado global que se estima alcanzará los 650.000 millones de dólares en 2030.

La Unión Europea (UE) también ha avanzado con su propio Plan Industrial del Pacto Verde, que establece un marco normativo para acelerar la creación de fábricas de tecnologías limpias en toda Europa. Esta tendencia parece consolidarse con el nuevo Acuerdo Limpio Industrial, anunciado por Úrsula Von der Leyen al asumir su segundo mandato como presidenta de la Comisión.
Ahora bien, crear las condiciones de mercado adecuadas es solo una parte de la respuesta. Si algo debemos aprender de Estados Unidos y China es que la competitividad requiere financiación pública. Construir una fábrica de tecnologías limpias en Europa conlleva riesgos y requiere una gran inversión de capital, lo que a menudo desanima a los inversores privados a apoyar a las empresas europeas en su difícil camino hacia la expansión. En este contexto, las finanzas públicas desempeñan un papel crucial al reducir el riesgo de dichas inversiones y proporcionar el «capital paciente» necesario para que empresas prometedoras e innovadoras puedan desarrollarse y crecer.
Por ello es alentador que, junto con el Acuerdo Limpio Industrial, la presidenta Von der Leyen haya propuesto la creación de un Fondo Europeo de Competitividad. Este fondo estaría integrado en el próximo presupuesto de la UE, cuyas negociaciones han comenzado en 2025. Se espera que el Fondo de Competitividad logre lo que no consiguió el Fondo de Soberanía, que luego se transformó en la Plataforma de Tecnologías Estratégicas para Europa (STEP, por sus siglas en inglés), proporcionando una inyección significativa de fondos públicos destinados a impulsar la fabricación de tecnologías limpias estratégicas.
No obstante, aunque el Fondo de Competitividad logre alcanzar su potencial (lo cual no es fácil dada la complejidad de las negociaciones con los Estados miembros), no estará operativo antes de 2028, cuando entre en vigor el próximo presupuesto de la UE. Tres años es demasiado tiempo en la carrera global por las tecnologías limpias, y Europa no puede permitirse esperar. Por ello, es crucial encontrar soluciones provisionales de financiación pública, tanto a nivel de la UE como de los Estados miembros.

Afortunadamente, la UE ya cuenta con varias herramientas para cerrar esta brecha, como el apoyo a las empresas a través del Banco Europeo de Inversiones, que ha respaldado casos exitosos, como el fabricante de baterías Verkor o el líder en acero verde Stegra. También se puede recurrir a la canalización de ayudas estatales mediante los Proyectos Importantes de Interés Común Europeo.
Una de las herramientas más prometedoras de Europa es el Fondo Europeo de Innovación. Financiado con los ingresos del mercado de carbono de la UE, este fondo puede distribuir4.000 millones de euros anuales, una cifra que, según cálculos del 'Institute for Climate Economics', podría aumentar a más de 20.000 millones de euros hacia finales de la década, dependiendo del incremento de los precios del carbono. El fondo ya ha sido utilizado de manera productiva para fortalecer la competitividad de las tecnologías limpias de la UE, mediante iniciativas como la subasta del Banco de Hidrógeno, la llamada a la producción bajo REPowerEU y el recién anunciado Fondo de Baterías, que apoya una industria clave para las necesidades de inversión en tecnología limpia, tanto pública como privada.
El Fondo de Innovación, el mayor de la UE dedicado a la innovación y al desarrollo de tecnologías limpias, debe mantenerse como el pilar fundamental de nuestra futura política industrial verde. Su impacto podría ampliarse replicando el modelo del Banco de Hidrógeno en otros sectores, o bien combinando las subvenciones con garantías y financiación de riesgo proporcionada por el BEI.
Como afirmó la presidenta von der Leyen, «la carrera ha empezado». La fabricación europea de tecnologías limpias se encuentra en un punto crucial. Solo aprovechando al máximo los fondos disponibles de la UE, especialmente el Fondo de Innovación, Europa podrá desarrollar una industria de tecnologías limpias capaz de enfrentar los desafíos de las próximas décadas.